Cualquiera que sea la metodología elegida por el
maestro/a, se debe considerar que los contenidos que van a aprender nuestros
alumnos han de responder a sus intereses reales y situarse en su propio
contexto vital, con el fin de conseguir la necesaria motivación hacia el
aprendizaje. Para ello, se tendrán en cuenta los procedimientos y prácticas
sociales que son habituales en cada contexto.
La incorporación de las competencias básicas al
currículo de la Educación primaria requiere metodologías que enfaticen el saber
hacer y la selección y variedad de actividades de aprendizaje para los alumnos.
Los alumnos aprenden de forma significativa a partir
de sus experiencias y conocimientos previos, relacionados con los nuevos
aprendizajes que van a realizar; es el alumno quien en último término modifica
y reelabora sus esquemas de conocimiento, construyendo su propio aprendizaje.
En este proceso, el maestro actúa como guía y mediador para facilitar la
construcción de aprendizajes significativos.
En esta etapa, el proceso de aprendizaje responde
básicamente a la secuencia de manipulación, verbalización y representación.
En este sentido, el aprendizaje de procedimientos se convierte en eje
organizador de la actividad que se desarrolla en el aula; en la verbalización y
representación, los alumnos necesitarán de instrumentos de expresión y de
comunicación, de códigos y símbolos, entre los que destacan la lectura, la
escritura y el cálculo.
Los contenidos de aprendizaje deben presentarse
claramente estructurados. La presentación y la organización de los contenidos
de aprendizaje deben responder a dos principios: por una parte debe respetar la
estructura interna de las áreas, y por otra, debe adaptarse a la estructura
psicológica y a los conocimientos de los alumnos.
Dado que los conceptos no se acumulan en la mente de
forma aleatoria y desorganizada, sino organizados en forma de esquemas
coherentes que ven para explicar la realidad, es importante utilizar métodos
pedagógicos que enriquezcan dichos esquemas, que los hagan más coherentes,
lógicos y organizados.
La actividad mental de los alumnos es de suma
importancia para generar aprendizajes válidos y eficaces. La observación, la
relación entre las ideas, conceptos y vivencias y entre éstas y la realidad son
fuentes de progreso en el aprendizaje y en el desarrollo intelectual del niño.
Dadas las características de los alumnos de esta
etapa, los aprendizajes deben ser realizados dentro de un contexto
significativo. De ahí que los enfoques globalizadores sean los idóneos para producir
aprendizajes funcionales y significativos. Este enfoque globalizador hace
referencia a la manera de acercarse el niño al conocimiento de la realidad y a
cómo ésta es percibida por el niño.
Conjugar adecuadamente el carácter lúdico de algunas
actividades de enseñanza aprendizaje en esta etapa con el necesario esfuerzo
que requerirán otras, teniendo en cuenta que, en ambos casos, dichas
actividades deberán ser motivadoras y gratificantes.
El maestro ha de proporcionar oportunidades para que
los alumnos comprueben y apliquen los conocimientos adquiridos y tomen
conciencia de la utilidad de dichos aprendizajes.
Las capacidades a desarrollar a lo largo de la etapa
no se refieren sólo al ámbito escolar, sino que se pretende que puedan ser
aplicadas a todos los ámbitos y contextos en los que se desenvuelven los niños.
Los aprendizajes que propicien el desarrollo de dichas capacidades deben
contemplar esa realidad y deben poderse aplicar a muchas y variadas situaciones
de la realidad de los alumnos.
Aprender para seguir aprendiendo por sí mismo es uno
de los principios esenciales en esta etapa. Los aprendizajes básicos deben
tener ese carácter de capacitación para generar nuevas estrategias personales
que permitan a los alumnos acometer nuevos aprendizajes sin la dependencia del
maestro o de otros adultos.
Es importante propiciar la reflexión personal sobre
lo realizado en las distintas actividades, así como la elaboración de
conclusiones con respecto a lo que se ha aprendido. La toma de conciencia por
parte del alumno de los procedimientos mentales y las estrategias que utiliza
para resolver problemas y para aprender, constituye un fuerte motor del
desarrollo cognitivo.
Enseñar a pensar y reflexionar conlleva la
utilización de unos métodos que den oportunidades a los alumnos para poner en
práctica su pensamiento crítico y creativo, mediante experiencias en las que se
impliquen personalmente e intenten buscar explicaciones más racionales de
aquello que no entienden o que presente contradicciones con sus modos de pensar.
Es esencial impulsar las relaciones entre iguales,
proporcionando pautas que permitan la confrontación y modificación de puntos de
vista, la coordinación de intereses, la toma de decisiones colectiva,
organización del trabajo en grupos, la distribución de responsabilidades y
tareas, la ayuda mutua y la superación de los conflictos mediante el diálogo y
la cooperación, superando con ello toda forma de discriminación.
La atención a la diversidad y la personalización del
proceso de enseñanza – aprendizaje debe ser un principio preferente a la hora
de seleccionar una metodología determinada. Cualquiera que sea la metodología
por la que se opte, habrá de asumir la diversidad de capacidades, intereses y
motivaciones, de los alumnos, adecuando el aprendizaje de cada niño a sus
posibilidades.
En este contexto, la biblioteca debe ser considerada
como núcleo generador de actividades de enseñanza y de aprendizaje. Tiene que
constituir un espacio privilegiado para los alumnos y alumnas de Educación
primaria en el que se pongan en práctica metodologías activas y participativas
que, basadas en la indagación, en la búsqueda de información, su selección,
organización y presentación, favorezcan el interés por conocer y ampliar la
visión del mundo que rodea al alumno, la motivación hacia el aprendizaje, el
desarrollo de su autonomía, el estímulo del trabajo individual y del trabajo en
equipo. Un lugar donde los alumnos y las alumnas pongan en práctica actitudes
de respeto e interés por el conocimiento elaborado por el hombre a lo largo de
toda su historia. Todo ello sin menoscabo de otras funciones que tiene que
cumplir la biblioteca del centro como componente desde el que surgen, se
organizan y promueven actividades culturales, científicas y tecnológicas
adaptadas al nivel educativo al que aquí nos estamos refiriendo.
La incorporación de las tecnologías de la información
y la comunicación al contexto educativo supone un proceso de innovación y de
adecuación de las metodologías, actividades y materiales a esta realidad presente
en la sociedad actual. Supone la búsqueda de nuevas formas de hacer y supone,
también, un esfuerzo creativo para adecuar las prácticas didácticas, más o
menos tradicionales, a las herramientas tecnológicas con las que hoy en día
contamos en nuestras aulas.
Es necesario revisar los planteamientos metodológicos
de cada área del currículo de la Educación primaria, de manera que las nuevas
formas de aprender que se generan desde la utilización de las TIC en el aula
permitan a los alumnos buscar, indagar, probar, comprobar, experimentar,
observar, resumir, concluir, sin necesidad de contar previamente con nuestras
explicaciones e instrucciones.
Las tecnologías disponibles hoy en el aula permiten
su uso en distintos ámbitos dentro de cada área. En primer lugar, en el ámbito
estrictamente didáctico, es decir, su utilización preferentemente se dirigirá a
la puesta en práctica de actividades didácticas diseñadas en soporte digital
para contribuir a la adquisición de los contenidos de cada área, para el logro
de los objetivos didácticos propuestos, para el desarrollo de las competencias
básicas; en este sentido, contamos con numerosos programas diseñados para estas
finalidades. En segundo lugar, una metodología adecuada sobre la incorporación
de las TIC a los procesos de enseñanza-aprendizaje incluye necesariamente otra
vertiente, más dirigida hacia los aspectos formativos, como es la que apunta a
la utilización de estas herramientas como instrumento de consulta, de
comunicación, de intercambio de información y de experiencias entre los alumnos
o instituciones.
Todo ello sobre la base de que las tecnologías de la
información y la comunicación en ningún caso en Educación primaria serán un fin
en sí mismas, sino un medio o un recurso para crear ambientes de aprendizaje
enriquecidos por las múltiples alternativas pedagógicas que propician a partir
de sus enormes posibilidades didácticas y educativas. La explotación racional
de las virtualidades comunicativas que ofrecen los recursos tecnológicos
digitales derivadas de la interactividad y la interacción junto con la
necesaria aplicación de unos criterios eminentemente didácticos a la hora de
seleccionar qué programa o qué actividad vamos a realizar con los alumnos y con
qué finalidad o para el logro de qué objetivo didáctico lo vamos a utilizar,
son cuestiones metodológicas que se tendrán muy en cuenta por parte de maestros
y maestras en su quehacer profesional cotidiano.
Hay que tener en cuenta, también, que el uso de las
TIC como herramientas para el aprendizaje conlleva, al igual que en todas las
prácticas educativas, la necesaria planificación de su uso a lo largo del
desarrollo didáctico o de la intervención educativa. La planificación de su uso
abarcará tanto el material digital previsto utilizar, su finalidad, respondiendo
a los criterios antes señalados, los momentos del desarrollo en los que se va a
recurrir al uso de dicho material, como la forma en que se va a evaluar su
eficacia educativa o didáctica.
Con respecto a la evaluación en esta etapa, será
continua, formativa y personalizada, de tal forma que permita ajustar los
procesos de enseñanza al logro de los objetivos por parte de los alumnos.
La evaluación debe contribuir al desarrollo educativo
del alumno, informándole sobre el momento en que se encuentra, haciéndole
consciente de sus posibilidades, y de las dificultades que le impiden progresar
de forma adecuada y de los medios que le van a permitir superarlas.
Por otra parte, la evaluación entendida en sentido
amplio, debe permitir a los profesores mejorar la práctica educativa, al
propiciar un análisis continuo de las programaciones y de las decisiones que se
han tomado en las concreciones curriculares correspondientes.
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