Aquí os dejo un documento de mi profesora de la asignatura Gestión e Innovación en Contextos Educativos, Purificación Cruz, en el que se pone de manifiesto cómo trabajar la multiculturalidad e integración a través de la asignatura de Ciencias Sociales.
INTERCULTURALIDAD E INTEGRACIÓN A TRAVÉS
DE LAS CIENCIAS SOCIALES
Purificación Cruz Cruz
No permitamos que ningún niño se siente disminuido,
ni que su imaginación se vea disminuida a causa de nuestra ignorancia o falta de acción.
No permitamos que un niño sea privado de la
oportunidad de aprender porque nosotros
no dediquemos nuestros recursos para descubrir su realidad.
No permitamos nunca que un niño dude de si mismo o
de su mente porque no nos sentimos seguros
de cumplir con nuestro compromiso para su educación.
A) El centrO
para la educación multicultural.
Para muchos, la
educación constituye el eje fundamental mediante el cual se posibilita la formación de una actitud de aceptación y
de un comportamiento social positivo hacia la multiculturalidad, y por eso
consideran a la escuela como el agente principal para conseguir los objetivos
fundamentales de la educación multicultural.
La escuela
multicultural, por su propia esencia es necesariamente diferente. El hecho de que el alumnado, además de aquellos niños
pertenecientes a la cultura dominante, esté compuesto por niños que pertenecen
a diversas minorías étnicas, con niños extranjeros cuya familia ha emigrado al
país, otros que están temporalmente debido al trabajo de sus padres, determina
una diversidad para la cual la escuela no está totalmente preparada, ni tampoco
los maestros.
Ello hace
realmente difícil la labor pedagógica con este alumnado, y plantea la necesidad
de concebir un cambio en el esquema habitual de los centros, que afecta desde
sus programas educativos, su organización, hasta aspectos mucho más específicos
como pueden ser la evaluación o la atención a las diferencias individuales de
niños que todos en sí son diferentes, cultural, étnica, social, educativamente.
No obstante, la
evolución histórica de la educación multicultural refleja que no siempre la
misma ha sido apropiadamente concebida en los centros de enseñanza.
Bennett al
respecto señala la existencia de tres
modelos de escuela que, estando obligadas a aceptar la diversidad cultural,
plantean, sin embargo, un segregacionismo encubierto:
- Un primer modelo que abarca a aquellos centros escolares que sin modificar las normas y principios vigentes hasta ese momento, y utilizando los mismos currículos y procedimientos metodológicos, se concretan a "esperar" que los niños pertenecientes a las minorías culturales, étnicas o inmigrantes, se adapten sin que se ejerza acción educativa alguna y con la concepción ilusoria de que se integren como cualquier otro niño de la cultura dominante.
- Un segundo modelo de centros semejante al anterior, pero que ahora muestran una voluntad explícita y consciente de asimilar a los niños de estos grupos minoritarios, con el objetivo de que lleguen a integrarse en el grupo cultural dominante, aunque esto implique la pérdida de su lengua e identidad cultural (lo que se conoce como teoría del "melting pot" o de la asimilación a la cultura hegemónica).
- Un tercer modelo que organiza la coexistencia y convivencia de los distintos grupos étnicos y minoritarios sin que se produzca una real interacción entre ellos, pues son separados en aulas distintas, con horarios diferentes, a veces con áreas de esparcimiento distintas. Aquí se mantienen las señas de identidad de cada grupo étnico o cultural, aunque el trabajo educativo con cada uno es muy distinto (teoría del "mosaico" social, utilizada como alternativa a la filosofía del melting pot).
Lo primero
entonces a cuestionarse es cómo debe ser un centro escolar para la educación de
niños pertenecientes a esta diversidad, a partir del acatamiento inicial de que
tales centros requieren de una filosofía de la educación que abarque las
múltiples culturas, lenguas y civilizaciones, y donde sólo respetando la
lengua, la cultura y el saber del educando es posible construir sociedades
alfabetizadas, escolarizadas e instruidas donde el aprendizaje a lo largo de
toda la vida sea la norma, como reza en la Conferencia Educación para todos.
En cuanto a esto
Bennett sugiere la creación de un cuarto modelo o modelo de pluralismo integrado, donde se rechaza
toda forma de segregación, se plantea como objetivo la integración, y se
sientan las bases para el pluralismo cultural, y en el que las actitudes y
expectativas de los educadores, la modificación de las estructuras de la
escuela y los cambios curriculares son elementos principales de este sistema.
Se trata, pues,
de concebir al centro o la escuela como
una microcultura, con sus normas,
valores, roles, status y finalidades, como cualquier otro sistema social, como
una comunidad multicultural en que, junto con la cultura que es la
predominante, se sostenga, valore y cultive las diversas culturas que
coexisten.
En este sentido la Declaración Universal
de la UNESCO
sobre la
Diversidad Cultural , en su artículo 5, refiere: "Los
derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, que son
universales, indisociables e interdependientes. El desarrollo de
una diversidad creativa exige la plena realización de los derechos
culturales... Toda persona debe, así,
poder expresarse, crear y difundir sus obras en la lengua materna; toda persona
tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respete plenamente
su identidad cultural, toda persona debe poder participar en la vida cultural
que elija y ejercer sus propias prácticas culturales, dentro de los límites que
impone el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.
La educación de
la diversidad cultural se enfrenta a una doble problemática que es crucial: los
programas educativos dirigidos a esta diversidad, y la formación y preparación
de los educadores para atender eficazmente esta tarea.
Una primera
característica que han de tener los centros escolares que lidien con esta condición de la
multiculturalidad es la flexibilidad.
Esto implica que su organización ha de cambiar o modificarse en la medida en
que las situaciones pedagógicas que surjan así lo demanden. Una organización
abierta y creadora que posibilite el cambio y la innovación.
De igual manera
la organización del centro no ha de descansar sólo en preceptos y normativas
(lo cual no quiere decir la ausencia de normas y criterios que regulen su
actividad), sino interpretar tales normativas para posibilitar el máximo uso de
los recursos materiales y humanos que posea. Así, si hay un educador
responsabilizado con la impartición de la informática en el centro, esto no
implica que solamente pueda hacer esa actividad, sino que también podría
realizar otras (como puede ser enseñar a los niños a dibujar) si las
condiciones del proceso educativo así lo permiten y demandan.
Para esto es
indispensable que todos los educadores del centro tengan la oportunidad de participar en la toma de decisiones y
considerar la distribución de las tareas, así como tener parte activa en la
evaluación del proceso educativo (que también ha de ser una condición en el
centro unicultural) pero que en el caso de la educación multicultural puede
modificarse de manera más relevante de acuerdo con las situaciones derivadas de
la complejidad cultural que se puedan presentar.
Esto significa
que el centro escolar ha de tener una organización flexible, abierta y creadora, operativa y funcional, con normas claras
y conocidas por todos, participativa, formativa, evaluable, entre otras muchas
condiciones.
Un objetivo
primordial de la educación de la diversidad cultural en el centro de enseñanza
es el de promover la identidad cultural de los diversos grupos culturales que
componen su alumnado, y a la vez crear espacios comunes en los que sea posible
la interacción y el encuentro con aquello que le es común.
Esto implica la adquisición de habilidades de comunicación, la formación de actitudes positivas hacia
las diferencias culturales, la creación de una empatía y estima de la propia cultura. Al respecto, el
aula debe tener modos de funcionamiento que vayan contra los esquemas rígidos
que por años han caracterizado el régimen escolar, facilitando "un espacio
de libertad" donde cualquier niño pueda participar de la toma de
decisiones que afectan su aula, su grupo y su escuela.
Ello pretende
afirmar que la escuela ha de tener una estructura
democrática de funcionamiento, que permita la expresión abierta de las
diversas identidades culturales, estimular el conocimiento entre sí de estos
grupos diversos, y solidarizarse con la causa de cualquier minoría. Esto no
puede quedar en la simple retórica o verse como una condición
"ambiental" sino que debe acompañarse del aprendizaje de estrategias que permitan el desarrollo de la
autoestima de los niños inmigrados y de minorías étnicas, la formación de una
empatía hacia ellos y de ellos a los otros niños, y el aprendizaje de
habilidades que faciliten la comunicación entre unos y otros.
Esto
metodológicamente se puede expresar de muchas maneras, pero en el centro una
muy recurrida puede ser el posibilitar que estos niños que han sido
históricamente segregados, tengan oportunidad de distinguirse en las
actividades, bien ocupando roles principales en juegos dramatizados, bien
dándole papeles protagónicos en las obras infantiles, bien distribuyendo los
materiales de la actividad pedagógica, en fin, permitiéndoles hacer cosas que
eleven su autoestima, los relacionen de manera positiva con los otros, les
lleven a comunicarse con sus coetáneos.
El centro
escolar multicultural ha de expresar en su ambientación
y ornato su diversidad cultural.
En este sentido, la presencia de láminas y cuadros, fotos, dibujos decorativos
y atributos representativos de las distintas culturas en las aulas, de los más
variados orígenes, son elementos que ayudan y propician a una comunicación
intercultural.
La aversión a otras culturas es causada muchas
veces por el desconocimiento que se tiene de las mismas (o de los prejuicios
instaurados), de su folklore, de sus realidades y sueños, de su música, de su
pintura, de sus símbolos. Un
acercamiento externo a estos signos
culturales es facilitador de acciones más dirigidas a la formación de
actitudes favorables a la aceptación, y repercute en una mejor interacción
entre los niños de estas culturas diversas.
Por lo general, la escuela utiliza el material decorativo que
está determinado por el modelo cultural dominante, y elementos tales como un
simple mapa mundial donde se reflejen los lugares de procedencia de los
distintos niños, o escenas de sus países de origen con sus respectivas
banderas, pueden añadirse a los detalles anteriormente señalados, y que
permiten a los niños que proceden de esos lugares diferentes el sentirse
reconocidos y respetados.
Muchas otras
cosas permiten caracterizar al centro escolar multicultural, las cuales, por
supuesto, están relacionadas con el currículo
o los procedimientos metodológicos a
utilizar.
En este proceso
educativo un lugar principal lo ocupa el educador,
el maestro, el profesor, porque es él, en su aula que está llena de niños
diversos, que pertenecen a diferentes etnias y culturas, que incluye niños que
acaban de llegar de otros lugares a veces geográficamente remotos, el que ha de
asumir el rol primordial en este
proceso educativo, y de cuya labor ha de depender en gran medida que los
objetivos de la educación multicultural lleguen a culminarse.
Si esto es así,
es obvio que la formación, capacitación
y superación de este educador para poder asumir el papel que le corresponde en
la educación multicultural, sea una de las primeras cosas que hay que garantizar para aspirar a que el aula
multicultural propicie la aceptación, las mejores relaciones y los
comportamientos más apropiados para una convivencia satisfactoria y una
conducta social positiva entre los niños de esta diversidad cultural.
B) El maestro y su preparación para el
trabajo educativo con niños de diversas culturas y la atención a las
diferencias individuales.
De inicio hay
que considerar que un educador para la labor con la diversidad cultural ha de
tener una mentalidad abierta, poseer
un conocimiento profundo de la
multiculturalidad a la que se enfrenta, y un control de sus actitudes (que pueden asumir la forma de prejuicios)
que le permitan realizar una labor pedagógica en la que la aceptación de todos
y cada uno de sus alumnos constituye la base o piedra angular de toda su acción
educativa.
Esto implica que
el educador necesariamente ha de poseer condiciones de personalidad y una
competencia específica para asumir la labor educativa con la diversidad
cultural. Ello conlleva un cambio de
mentalidad en el modo de pensar de su labor docente, en los contenidos y
estrategias de enseñanza, en la estructura y funcionamiento de su aula, en las
relaciones con los otros educadores y con la comunidad a la que pertenece el
centro infantil.
Esta competencia
se inicia en el plano ético-moral, pues su acción educativa ha de sustentarse
en los valores de la tolerancia, el
respeto y el conocimiento de la dignidad de cada niño, cualquiera que sea
la procedencia o la etnia a la cual pertenezca.
Así, el maestro
o educador que trabaja la multiculturalidad es formado en una gama más o menos
amplia de estrategias pedagógicas sobre como impartir los conocimientos
interculturales a sus niños y, sin embargo, es proverbial su falta de maestría
pedagógica para la comprensión cabal de la complejidad del hecho multicultural
como una dimensión enriquecedora y no
como un déficit.
La educación
multicultural promueve realizar el proceso educativo de una manera diferente, y
crear estructuras de
enseñanza-aprendizaje que permitan la manifestación abierta de los
distintos valores y expresiones culturales, su promoción y defensa, en un clima
de mutua y general aceptación. Esto requiere habilidad en el educador y la
aplicación de procedimientos metodológicos que posibiliten la consecución de
tales objetivos.
La actitud del educador frente a las
diferencias culturales debe ser: Valorar
el hecho multicultural como una realidad, desarrollando estrategias que
facilitan la comunicación y la participación entre sus niños.
La competencia
cognoscitiva respecto a la diversidad y multiculturalidad es un aspecto básico
también de la formación del educador. Para esto es necesario que el educador:
·
Posea un vasto conocimiento de su propia cultura, lo
cual le permite sensibilizarse hacia otras identidades culturales, que pueden
no concordar con su propia realidad subjetiva.
·
Evite las generalizaciones hacia otras
culturas, lo que puede conducir a la formación de estereotipos culturales que
luego son difíciles de erradicar.
·
Acepte la relatividad cultural, lo que implica
considerar cada cultura como única y aceptar que sus premisas son igual de
validas que las otras, lo que elimina la posibilidad de un etnocentrismo.
·
Adopte una actitud abierta hacia el cambio, lo
que evita la presencia posible de un choque cultural.
·
Sea creador, para poder desarrollar nuevas
acciones a partir de los hechos multiculturales que se le presentan.
C) La dinámica y red de interrelaciones
personales en el grupo con niños inmigrantes y de minorías étnicas.
El grupo del
aula es una microsociedad, en la que
se dan redes de interrelaciones, normas, requisitos, que funcionan
caracterizando su dinámica: así encontramos niños líderes y a los que todos
siguen, pequeños subgrupos de dos o tres niños (las llamadas "islas")
que se relacionan preferentemente entre sí, niños aislados a los cuales todos
excluyen o que por sí no participan.
Conocer esta red
de interrelaciones personales por el educador es muy importante para su trabajo
educativo, y existen técnicas sociométricas que permiten valorar esta dinámica,
incluso en niños de la etapa de la educación infantil. En el caso de la
educación pluricultural se hace mucho más necesario, porque a los factores
psicológicos que determinan las relaciones entre los niños se unen los factores
educativos y culturales que caracterizan estos grupos.
El educador ha
de organizar las interrelaciones entre sus niños, de modo tal que las mismas
faciliten el contacto, la comunicación y el intercambio dinámico satisfactorio
de las relaciones interpersonales de su grupo multicultural.
Para facilitar y
garantizar una buena dinámica de relaciones interpersonales entre los niños del
grupo multicultural el educador ha de considerar:
·
Guiar a sus educandos para que
establezcan relaciones positivas entre
sí, que den lugar a la formación de amistades, por ser estas muy
importantes para los niños. Hablar de la amistad, de lo bueno que es tener
amigos, etc.
·
Buscar tiempo para hablar de
manera asequible y entendible a los niños sobre la discriminación y como se puede prevenir la misma, la profundidad
del tema estará en relación con su nivel de comprensión.
·
Estimular a los niños a que hablen de sus sentimientos y vivencias
frente a los otros, para esto se pueden formar pequeños grupos, e incluso en
algún momento analizar con todos la experiencia relatada por uno en particular.
·
Estimularlos de igual manera a que
acepten a los niños
"diferentes", reforzando el criterio de igualdad a partir de su
yo interno, y no de particularidades externas, como puede ser el vestuario, la
lengua, etc.
·
Preservar la identidad cultural de cada niño,
hacerles hablar en su lengua materna en actividades especiales, y hacerles
escuchar las formas diferentes de los otros al hablar, esto puede reforzarse
mediante canciones, poesías, rimas que, aunque pueden no ser entendidas,
colaboran a que todos acepten una forma distinta de hablar.
·
De vez en cuando el educador ha de
tratar de hablar en la lengua del niño
inmigrante o de minoría étnica (si posee una lengua distinta), aunque sea unos
escasos parlamentos aprendidos, esto causa una reacción psicológica positiva en
esos niños, que facilita su adaptación al grupo.
·
Organizar actividades para que los
niños vengan al grupo con las ropas
usadas en su grupo cultural, para que se sientan "normales" usando un
atuendo que no es habitual en la cultura dominante.
·
Realizar actividades grupales que involucren la mezcla de niños de las
diferentes culturas.
·
Valorar mediante técnicas sociométricas como
se transforma la dinámica de las relaciones en el grupo, para ir haciendo
modificaciones en las acciones pedagógicas a realizar con cada niño del grupo.
D) La planificación del trabajo educativo.
La planificación
del trabajo educativo con los niños inmigrantes y de las minorías étnicas y
culturales tiene tres direcciones fundamentales:
A) Psicológica
B) Cultural
C) Pedagógica
Los aspectos psicológicos y culturales
constituyen la base de toda la acción pedagógica, puesto que el niño que
inmigra está sometido a un estrés de tipo psicológico y a un choque cultural,
que de no ser apropiadamente atendidos, impiden su integración a la cultura
dominante, colaboran a su desajuste emocional, y, consecuente, conducen a su
fracaso escolar. Estos aspectos apuntan y aclaran la vía para la intervención pedagógica y el
rendimiento escolar de cada niño inmigrante o de minoría étnica y cultural.
Por lo tanto, la planificación del trabajo educativo
no puede concretarse al proceso pedagógico, a la realización del proceso de
enseñanza y aprendizaje, sino que implica mucho más: conocer el mundo interno del niño, valorar sus temores y sentimientos
de desarraigo, conocer sus deficiencias y eficiencias culturales, prever las
condiciones de su historia personal (que puede ser muy traumática), para a
partir de este fundamento, dirigir entonces el proceso de equilibración
psicológica, la integración a la nueva cultura, y su escolarización.
En verdad el
educador de la diversidad cultural, además de pedagogo, tiene que ser un poco
psicólogo, un poco sociólogo, un poco trabajador social, un poco de todo, pues
es bastante ilusorio que pueda contar con la ayuda sistemática y permanente de
estos especialistas para la atención de los niños en su grupo multicultural.
Ello implica dos cosas muy importantes:
1.
Tener los conocimientos suficientes
de todas estas áreas para poder realizar las acciones específicas en cada una
de ellas.
2.
Tener una actitud favorable al
trabajo con la diversidad cultural, que es muchas veces bien difícil, mal
remunerado, y con frecuencia bastante incomprendido o minusvalorado.
Una acción
psicológica principal es ayudar al niño
a encontrar vías para comunicarse, verbalmente, no verbalmente,
mediante el arte. C. Igoa refleja
que un método muy eficaz para llegar a que el niño inmigrante revele su mundo
interior es mediante el dibujo y la creación de historias a partir de estos
dibujos.
Entre las acciones psicológicas a llevar a
cabo para proveer a los niños que inmigran y de minorías de un aula que les
funcione como refugio emocional y no como campo de enfrentamiento con la nueva
cultura se sugieren:
·
Establecer un ambiente
hogareño en el aula multicultural, eliminando la estructura rígida e inflexible
de acomodamiento de muebles, enseres, etc.
·
Posibilitar que en el aula
haya espacios donde los niños puedan guardar sus objetos preciados.
·
Detectar los lugares del aula
donde cada niño se siente confortable, y hacerles posible permanecer en el
mismo.
·
Utilizar el relato y los temas
de héroes con los cuales los niños puedan identificarse.
·
Utilizar dibujos,
ilustraciones y fotos para hacer series dramatizadas.
·
Extraer el mundo interior de
estos niños mediante estas historias creadas con los dibujos, propiciando su
compartición poco a poco con los demás niños.
·
Valorar los productos de su
actividad desde los logros y no de las deficiencias.
·
Darle a los niños materiales
que los hagan esforzarse, sin acelerar el proceso, pero ayudando a cada niño a
alcanzar su potencial.
·
Estimular a los niños a
competir consigo mismos, y no entre sí, recordando que eventualmente el niño al
final de su transición se habrá de integrar a la cultura dominante.
·
Reconocer cada niño en
particular, como niño en un proceso de transición, con una personalidad única y
propia historia cultural.
·
Convertirse en un aliado del
niño, pero no permitir que le pase por encima al educador.
·
Respetar siempre sus
criterios, y aprobar sus decisiones cuando están resultan apropiadas.
·
Darle a los niños un
sentimiento de afecto, seguridad y de aceptación, comprensión de sentimientos
que es básica para desbloquear sus energías psíquicas.
·
Proporcionarle mucha atención,
pero sin excluir a los demás.
·
Respetar su falta de ánimo y
de cansancio, siempre y cuando no estén tomando "ventajas" de su fatiga.
·
Estimular a los niños a que
expresen libremente sus sentimientos, señalándoles las diferencias que existen
entre una conversación cotidiana habitual y la expresión oral de lo que sienten
por dentro.
·
Encontrar vías para enseñar a
los niños "que ellos pueden", dándole cosas que puedan hacer y no
aquellas que no pueden, pero a la vez darles materiales que les signifiquen un
reto.
·
Tratar de investigar cada
situación de su comportamiento tan claro como sea posible.
La aproximación cultural
constituye la otra dirección de la planificación del trabajo educativo con los
niños de la diversidad cultural.
El choque
cultural constituye una de las problemáticas más severas que sucede en el niño
que inmigra o de aquel que se incorpora procedente de otra región.
Es natural que
el niño que inmigra sienta una desorientación cultural cuando se le desenraíza
de su país o región y se le trae a un medio diferente, que puede llegar
incluso, por las situaciones de frustración recibidas, según Milner, a desarrollar
una tendencia a devaluar su propio grupo étnico y procedencia cultural, lo cual
tiene repercusiones muy negativas en el sano desarrollo de su personalidad.
El educador del
aula multicultural tiene, por tanto, también que trabajar en este aspecto, y planificar
su trabajo educativo de modo que colabore a la sana transición a la cultura dominante a la cual el niño está
obligado a integrarse.
Entre las acciones en el plano cultural
que el educador ha de planificar para los niños inmigrantes y de minorías
étnicas están:
·
Realizar actividades en las
que se estimule la diversidad cultural presente en el aula.
·
Trabajar individualmente con
cada niño, de ser posible diariamente, para mantener su identidad cultural.
·
Estimular el nombre nativo u
original del niño, así como su idioma.
·
Hacer reconocer quienes son
estos niños, que tienen una historia personal y una cultura propias.
·
Promover actividades, uso de
libros y láminas, videos, y otras diversas fuentes para el aprendizaje de las
culturas de estos niños.
·
Hacer que los niños hablen de
su propia cultura, música, e historia, y ayudarles a mostrar los aspectos
positivos de dicha cultura.
·
Enseñarles a estos niños como
participar en el nuevo grupo social sin perder valores culturales importantes.
·
Trasladar del aula al entorno
inmediato del centro infantil la identificación y aceptación de las distintas
culturas del grupo, desarrollando el respeto mutuo y la acogida de las
diferencias.
·
Permitirle a los niños su
atuendo natal al aula, que la usen cuando lo deseen. Darles tiempo para que se
acostumbren a hacerlo, que no sientan pena, y les sea natural usar su ropa
tradicional, pues estos vestuarios son símbolos de sus orígenes.
·
Emplear diversas técnicas con
los niños para la continuidad cultural: recortes y cuentos del lugar de origen,
hacer dramatizaciones culturales, desarrollar rituales culturales, hacer un
mural con trabajos realizados por los niños, entre otros.
En la aproximación pedagógica es donde
se materializa el trabajo educativo con los niños inmigrantes y de minorías
culturales, a partir de la consolidación de la acción psicológica y cultural
que se realiza con estos niños. Exige, por lo tanto, una concienzuda planificación para que se consigan los
objetivos que se plantea la educación en el aula multicultural.
Estas acciones
pedagógicas pueden estar contempladas en
el currículo, o pueden trabajarse a la par con los programas educativos existentes, en cualquier forma, han de
planificarse de acuerdo con una dirección claramente concebida, a partir del
conocimiento y la aceptación de estos niños, y el deseo de realizar una labor
educativa compleja y problemática como es la educación de la diversidad
cultural, en un medio emocional y culturalmente favorable.
Ello indica y
obliga como primer paso de la planificación del trabajo educativo con estos
niños el hacer un diagnóstico de
cada uno de ellos.
El diagnóstico
de los niños inmigrantes y de minorías étnicas y culturales es bien complicado,
porque no sólo tiene que ver con los aspectos de su experiencia escolar, sino
también con las particularidades de su desarrollo psicológico y su procedencia
cultural, datos que a veces no son fáciles de obtener de estos niños.
Independientemente
de ello el educador del aula multicultural está forzado a hacer este diagnóstico,
con el fin de conocer a cada uno de sus
niños, poder valorar el diagnóstico
general del grupo, y sobre su base diseñar la planificación de su labor
pedagógica.
Una vez
realizado este diagnóstico individual y grupal, se impone entonces la atención particular que se ha de planificar
con cada niño, con cada subgrupo cultural (de haber varios niños de una misma
procedencia) y del grupo en su totalidad.
Al planificar el
trabajo educativo en el aula multicultural se hace indispensable atender a cuestiones y procedimientos
metodológicos que son importantes tener en cuenta. Así entre las acciones
pedagógicas a realizarse pueden estar:
·
Las actividades han de
depender en lo que sucede en el aula, el ambiente de aprendizaje que pueda
proveer el educador, y como éste es capaz de investigar y atender las
necesidades particulares del niño.
·
Ayudar a los niños inmigrantes
y de minorías a ganar confianza en sus posibilidades, en particular en la
primera infancia, de modo que, cuando transite a la primaria de la cultura
dominante, en que las notas se dan compitiendo, pueda tener éxito.
·
Balancear la protección del
niño inmigrante y de minorías en el aula, con acciones libres en la cultura
dominante.
·
Combinar las actividades
estructuradas con aquellas en las que el niño pueda hacer uso libre de su
acción.
·
Hacer aflorar la dinámica
psicológica interna del niño inmigrante o de minorías mediante el dibujo, los
cuentos, las actividades plásticas y relatos de vivencias, para hacer concordar
sus dos culturas.
·
Realizar actividades de
trabajo manual con frecuencia, en las que se usen signos y símbolos de la
cultura de origen de estos niños.
·
Organizar el trabajo en el
aula con actividades generales en pequeños grupos que ocupen a todos los niños,
a la vez que se trabaja en la atención individual de cada uno.
·
Organizar el horario de
actividades de la rutina del día conjuntamente con los niños, para que cada uno
sepa lo que se va a hacer, y que se espera de él.
·
No dejar trabajar a los niños
inmigrantes y de minorías mucho tiempo solos, pues tenderán a aislarse, unirlo
a otro niño de la misma cultura, de otra cultura minoritaria, y cuando se hayan
acostumbrado, con niños de la cultura dominante.
·
Organizar la planificación de
las actividades preferentemente de forma diaria, y no semanal como suele
hacerse por la mayoría de los educadores, por resultar muy importante continuar
precisamente donde se terminó el día anterior. Esto se debe a que como estos
niños suelen de inicio tener problemas en su comprensión a causa de los factores
psicológicos y lingüísticos, el cambiar abruptamente de actividades los hace
sentir ansiosos y frustrados "precisamente cuando comenzaban a entender lo
que se les enseñaba".
·
Aprender canciones y danzas
sencillas de las diferentes culturas, así como cuentos e historias.
·
En la actividad de recuento
del día para hablar del grupo, referir las cosas que gustan y no gustan, que
son buenas y no lo son, que diferencian e igualan a los niños entre sí (en
cuanto a su comportamiento individual, sin constreñirlo a la cultura).
·
Hacer teatro de sombras con
niños de diferentes culturas y resaltar como en las sombras es imposible
diferenciar la disimilitud étnica o cultural, que todos son iguales.
·
Hacer acciones de ayuda con
niños de diferentes culturas, rotando a los niños, e intercambiando sus roles.
·
Traer padres al aula de las
diferentes culturas para que cuenten a los niños cosas de su país, bellas y
hermosas, agradables, o simplemente interesantes.
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